miércoles, 1 de diciembre de 2010

Una carta

¡Hola!

Es una suerte que no haya creído todo aquello que me dijiste: que el amor no existe, que es un invento, una mentira absurda de los blandos de alma, que no se puede volar, ni pensar en tener una vida diferente porque las cosas son así y así serán por los siglos de los siglos -sin amén, porque no eras religioso-.
Suerte que no te creí. Si lo hubiera hecho me habría convertido en uno de esos seres grises, desabridos, de mirada melancólica, que esperan con desespero algo que traerá un soplo de alivio a sus vidas esmirriadas.

Y que no te haya creído por aquel entonces constituye toda una proeza, te lo tengo que decir. En ese tiempo te admiraba. Tus palabras alimentaban mi intelecto y una sola mirada tuya me hacía flotar durante semanas.

Reflexionando sobre esos días, pienso que en el fondo -y a pesar de mi juventud- supe escuchar mi esencia, más allá de tus palabras rimbombantes y tus pensamientos divinos. Fuiste mi dios. No te rezaba aunque te rendía pleitesía... Y esto es algo que tengo que agradecerte: por haber aprendido acerca de tu estado de petulancia y engreimiento, por haber saboreado a tu lado mi amargo estado de humillación, a lo largo de los años dejé de seguir a cualquier otro imbécil que llegara a mi vida con ínfulas de gurú superdotado. Tanto aprendí que ya no llega nadie con esa carga y puedo seguir con relativa libertad mi camino.

En cuanto a lo de amar: todos los días me dedico a ello con todo mi ser y mis ganas.
Aún me falta un poco para terminar de amarme completamente -y amándome a mí, amar el todo-.
 Me falta terminar de amarte a ti.
Si comienzo a amar aquella parte mía que eres tú, creo que ya estaré en el camino del vuelo.
Del "gran vuelo", quiero decir.

La verdad es que vuelo bastante y seguido, aunque los míos son vuelos bajos, casi rasantes, y ahora resulta que ya necesito vuelos enormes de nubes y de estrellas...


Es por esto que te escribo. Para poder volar como quiero. Para perdonarme. Para amarme sanando esta parte relacional que es tuya y mía y que quedó tirada por algún recoveco de mi mente y mi historia y no quiero que forme parte de ninguna letrina del tiempo.

Así que te lo envío, te lo digo y te lo beso: muchas gracias por todo, por lo que fue, lo que es, lo que será y está. Perdón por lo que respecto a nosotros me toca, por la vida que te tocó vivir, por lo que vivimos y no pudo ser y me afectó y te afectó. Y mi más sincero amor para ti y tu creación. Te mando de corazón un abrazo santo y un beso tierno.

Ahora te dejo, las alas me elevan, me voy de paseo.

Con amor

T.

2 comentarios:

Patricia dijo...

Sea una realidad o una fantasia, fue algo maravilloso haber leido esta carta!!!!, eres genial para expresar tus sentimientos propios y agenos y hacernos pensar que si, existe el AMOR y que tambien hay personas que no lo sienten de esta manera!!! .

Leila, con amor !!!! y Patricia escribiendo,jejeje,bello, bello, yo con amor !!!!

din dijo...

Ooooh!! ¡Qué bonito leerlas!
Sí! El amor existe! Sin ningún tipo de dudas!

Gracias por el comentario: me ha dejado muy contenta. Es un comentario muy hermoso.

Las quiero mucho a las dos!