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martes, 18 de octubre de 2011

Desayuno

 .


A estas edades conviene comenzar el día con un buen desayuno:

Al despertar, recordar el sueño de la noche,
saludar con alegría de reencuentro a los seres amados,
salir al balcón a mirar el cielo.
De haber chemtrails,
emitir el primer mensaje guerrero activo del día:
“Quiero cielos limpios y sanos”.

Tomarse unos minutos con el sol o con la lluvia,
con las plantas del lugar.
Observar las calles que hormiguean.
Tener la nítida conciencia de ser un humano en este mundo
viviendo una experiencia personal
y preferiblemente
única.

Volver al interior de la casa.
Escuchar la música del día,
la voz de la hijita que canta,
las palabras del compañero.
Leer poesía...

Sentir la verdad que anida en el interior,
que corre por la sangre,
y siempre está presente.

Y ya bien nutrida, una puede lanzarse confiada, a vivir los acontecimientos del día.


.

martes, 4 de octubre de 2011

Preguntas

.


¿Miedo? ¿De qué?

¿A qué?

¿A mis fauces? ¿A las tuyas?

¿A la voracidad del dios?



¿Miedo?¿Por qué?

¿Para qué?..


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sábado, 24 de septiembre de 2011

Descanso

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Me distraigo. Espero. Me refugio, me acomodo, me olvido.
Me duermo. Sueño. Sueño que sueño. En el sueño me despierto.
Observo. Veo. Vuela una hoja, llega un recuerdo, algo se mueve.
Me distraigo. Espero. Me refugio, me acomodo, me olvido.
Me duermo. Sueño. Sueño en el sueño que sueño. Me repito.
Una y mil veces. Infinitas veces. A veces soñada, otras despertada, las más por abrir los ojos.A medias, en medio del camino, en medio de la nada. Un día sueño el sueño distinto. Uno del vacío, me atrevo, vacío. Salto. Sueño que salto al vacío. Que lo habito, que lo invito, que lo integro. Sueño que vivo el vacío. Y voy vaciándome de infinitos. Me origino, me increo, me deshago..
Y sueño que llego a casa.

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martes, 15 de marzo de 2011

Como un dios

.


En este momento, conozco un secreto:
el dios amoroso no está aquí.
Se fue lejos, a otro lado.
Para atender otros asuntos.

Las cosas son así.
Tengo que aprender a vivir esta soledad.
Este vacío en el que dios no está.

En su lugar quedaron seres abyectos.
Manipuladores.
Seres que instalan miedos
en nosotros
porque de eso se alimentan.

Dioses que comen miedo y sangre.
Que nos mienten.

Y nosotros, como niños en busca de padre.
Y yo, como una niña ansiosa de padre.

Creyentes.
Creyente.

Queridos niños: el tiempo llega a su fin.
Es el momento de crecer.
Es mi momento de elegir.

Tengo una lección pendiente:
creer en mí,
rezarme a mí.
Ser devota de mí,
responsable de mí.

Queridos niños: no hay padre ni madre
 allí fuera.

Ni ángel, ni maestro,
ni regresos redentores.

Solo estamos nosotros,
cada uno consigo mismo.

Y es posible ser uno mismo
a secas.

Uno mismo,
indivisible y único.
Unido al todo.

Como un dios.


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sábado, 5 de marzo de 2011

Aquellos días de locura

.


Fue un tiempo de locuras como chaparrones.
De locuras empapándome día tras día.
Me despertaba en amaneceres agua y
los ocasos oceánicos me llevaban por lugares salvajes.

Fue un tiempo visionario también.

Un tiempo con el miedo
rondándome las rodillas
como un gato grande y fiero.

Muchos puentes han pasado desde entonces,
muchos barcos.
Civilizaciones enteras con sus luces
y sus guerras.

Empecé a salir despacio del espacio oscuro
que me aislaba.
Aspiraba el aire frío de la mañana
al borde del precipicio.

Abajo, el mar helado me invitaba...

Es cierto que lloré varios días.
A veces,
la vida no cabe en un solo universo
y se derrama inmensa
por lugares de vacío,
tan escarpados.

Fueron pasando esos días.
La locura se me fue despintando de la cara.

Me quedé con mis zapatos rojos, eso sí,
y en mi bolsa guardé
los tres cascabeles de mi sombrero.

Me fui a la noche. Trepé una montaña. Dormí entre sus árboles.

Llegué a otro lugar, a otro tiempo de mí misma.

Ahora es otro momento.
Algo en mí está descarnado y desnudo. Es algo que hunde
su raíz en aquella lejanía.

Me estoy demoliendo.
Me deshago por dentro.
Apenas me aguanta
una estructura inexistente.
Todavía quedan máscaras sosteniendo
ciertas preguntas y algunos asombros...

...Y ya no tengo lugar al que escapar,
ni una locura que me esconda.


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