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1) Casa en la noche
Disfruto de mi casa a la noche, tarde, cuando el silencio la visita y se arraiga. Amo su profundo misterio, y el flujo de pensamiento que corre por las habitaciones. A estas horas, en casa, me tocan ideas que vienen desde detrás de los muebles, desde rincones escondidos. Percibo la presencia de otra esencia. Me muevo con sigilo buscando no despertar ni a los míos ni a los extraños. Me preparo un té y lo bebo mientras escucho los crujidos de los muebles o leo o miro las plantas.
2) Sábado a la tarde
Salgo de la librería. Afuera llueve: un auténtico regalo para mí. Llueve una llovizna imperceptible, casi rocío abundante.
Pienso que si viviera en otro sitio más frecuentado por las aguas celestes, conocería el nombre exacto de estas gotas. Sería capaz de nombrar las diferentes clases de lluvia. Recorro los nombres que conozco: llovizna, aguacero, chaparrón, lluvia.
Me viene la palabra "txirimiri" -probablemente estoy "txirimiriándome"-.
Desde otra vida mía, me llega la palabra "garúa". "Está garuando", pienso mientras camino mojándome.
Y como la lluvia fertiliza, me detengo a escribir estos brotes mentales debajo de un soportal. Escribo de pie. Anoto ideas. Mi pensamiento vuela lejos... Vuelvo de nuevo aquí y observo a la gente que camina, con elegancia, debajo de sus paraguas de colores.
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