martes, 20 de octubre de 2009

KO/ Hexagrama 49

Al alba, detrás de los laureles, encontramos a la niña. Pequeña, rolliza y sonrosada. Sonreía. Nosotras también sonreíamos.
A partir de entonces la alimentamos con caricias, besos, mimos, canciones del alma y con la leche dulcecita de nuestros pechos hembras.

La niña- junco joven- crece hermosa y sana. Nos habla de lo profundo, de lo ignoto, de universos dorados, de soles, de arenas cálidas, de juegos antiguos.

El atardecer siempre nos sorprende con el trajinar de las ollas y las melodías.

A la noche, arropadas por las estrellas, escuchamos los cuentos de la niña. Cuentos remotos, extraños, contados con su voz de rocío y campanillas. Después, ya cansada, la niña se duerme y nosotras bailamos. Bailamos las palabras de la niña. Las maduramos en el fuego, les damos forma, las crecemos. Las comemos. Nutridas por palabras asimilamos el pasado de nuestros ancestros: de los hombres pájaro que vinieron de lejos caminando por el cielo, de los hombres planta –todo raíces y aroma- que se vuelven humo en las noches oscuras, de las mujeres gato, que amamantan las crías de otros y son despiadadas con los forasteros, de la gente que bajó de las estrellas para traernos el fuego. Así entendemos los tiempos y poco a poco se va desarrollando el recuerdo...

Nos repetimos las historias una y mil veces, para seguir recordando, para seguir saboreando este sutil sentimiento de victoria. Ahora sabemos que las profecías de nuestras leyendas se cumplen (la niña está con nosotras), ahora sabemos que éste es nuestro momento, que se acabó la esclavitud, que el poder es nuestro y que la revolución viene de adentro, ahora sabemos que continuamos escribiendo la leyenda.

2 comentarios:

Cristina dijo...

Conmovida me hayo.
Hermosísimo. Precioso.
Contando historias quien quiere relatos.

din dijo...

Qué genial que te haya gustado!
Me encanta cómo estás escribiendo.
Besos.